En el brillo del día,
en el oscuro de la noche,
a la orilla de las carreteras,
ruidos pasan a la eternidad
al mover de ruedas
que jamás regresan al punto de partida -
Por ahí se van miles de cuentos
a veces compartidos
entre alegrías y tristezas del amor,
destinados a la inquietud del llegar
adonde todo comienza,
o se termina por una vez.
Suave nació el viaje
entre los saludos
y despedidas que se achicavan
en la distancia, mientras
se aumenta su correría
como si jamás terminará allá,
adonde almas pasan
a la ola humanitária de la última estación.
Ambición, o ilusión,
Paraíso, o Infierno -
Dependencías del viaje.
Luego se prepara para partir
"ABORDAR!", grita el boletero
al cerrar las puertas.
"Adiós, querida!" "Adiós, querido!"
"Que no te olvides...Que..."
Y nuevamente empieza al silenciar de voces
entre ruidos rodeados por ruedas...
Y en el tren se van nuevos secretos.
Manuel L. Ponte, St. Louis, Missouri - 11 de Octubre, 1990
e-mail: mlp@fclass.net
ME DESPERTÉ
Me desperté cansado
sin que me pudiera dormir,
o ver al llegar de la mañana.
Se escondía la luna
al otro lado de la cortina,
adonde el día
poco a poco quitaba de la noche
el grito lechuzero
quebrando la serenidad...
Tampoco el primer café
me permitió acceptar
nuevos sonidos,
mientras cuervos madrugones
buscaban restos mortales,
que gatos incapazes,
rebeldes en la domesticidad,
nocturnamente dejaban,
como si fueron ellos libres
a pesar de sus dueños...
Ni a través de la pelea
contra arrugas nacidas en el dormir
pudieron ojos abiertos dejar
la luz penetrar el oscuro
de mi soledad...
Televisor ligado. Notícias
adonde
quien no parecía haberse dormido
sonría entre imágenes
adonde
una vez vendida la mercancía,
el trágico regrasaba al normal,
todo bien -
como de costumbre...
En la cocina
agua hirviendo en la cafetera,
cuatro paredes, dos sillas, un sillón,
una mesa... esperando el segundo café
que apuntaba
a la muerte de la soledad.
Aunque:
En mi alma
tu voz distante me llamaba,
mientras la suavidad de su fuerza
me llevaba a tu cama,
sin que pies pudieran sentir el piso.
Luego me acariciaste,
abrigando mi cuerpo con tu calor.
Me dormí entonces,
cuando lágrimas de alegría
me limpiaban los ojos
para que Yo pudiera verte mejor
al escuchar tus palabras de amor,
vivir tiempos antíguos,
de vidas distantes duplicadas en sueños...
Hasta que,
entre estrellas ya invisibles,
Me desperté
alegre en el recuerdo de tus brazos -
cuando la mañana, nacido parada,
sonría al presenciar nuestra felicidad.
Manuel L. Ponte, St. Louis, Missouri - 14 de Agosto, 1994
e-mail: mlp@fclass.net
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